El sangrado del vino es un proceso que se realiza justo después de que la uva ha sido despalillada y estrujada. Consiste en retirar una parte del mosto (zumo de la uva) del depósito donde está en contacto con los hollejos —las pieles— y las pepitas. Es un momento clave porque permite controlar el color y la estructura del vino.
¿Por qué se hace?
Cuando se retira parte del líquido, la proporción de pieles respecto al mosto aumenta, y es precisamente en la piel donde se encuentran muchos de los compuestos que dan color, aroma y cuerpo al vino. Así, el vino que continúa en contacto con los hollejos se vuelve más concentrado y expresivo.
En nuestros vinos tintos de Tempranillo y Garnacha, ambas variedades autóctonas, el sangrado nos ayuda a lograr vinos más intensos y con mayor personalidad.
En los rosados, el sangrado es esencial: el mosto que se retira tiene un color suave y elegante, perfecto para vinos frescos y aromáticos.
¿Es un proceso natural?
Totalmente, no se añaden productos ni se fuerza químicamente la extracción, solo se separa el mosto de forma cuidadosa y controlada.
Beneficios para el vino
Los vinos tintos son más estructurados y complejos, los vinos rosados más finos, frescos y fragantes. Los vinos tienen mayor concentración de aromas y antocianos (pigmentos naturales de la piel) y podemos encontrar mejor equilibrio entre cuerpo y elegancia.
Este paso demuestra cómo esas decisiones en bodega reflejan el estilo y la filosofía del enólogo. Es un pequeño paso, pero refleja como detrás de cada botella hay muchas elecciones pensadas para que el vino exprese lo mejor del viñedo.
Porque el buen vino comienza en la uva, pero se perfecciona constantemente en bodega.
Así, el sangrado se convierte en una herramienta más para que cada añada exprese lo mejor de sí: vinos con carácter, llenos de vida y que hablan del cuidado de la tierra y del trabajo que hay detrás de cada copa.