El agua es vida, pero en la viña, demasiada o muy poca puede arruinar una cosecha.
El riego en las viñas se controla de manera muy precisa. Un exceso de agua hace que las uvas engorden mucho, pero pierdan concentración. Por el contrario, la falta total de agua puede frenar la maduración.
El objetivo es mantener un ligero estrés hídrico, es decir, que la planta tenga que esforzarse un poco para profundizar sus raíces. De esta manera, consigue uvas más concentradas y de mayor calidad.
El manejo del agua es como dirigir una orquesta: cada gota cuenta para que la viña produzca un vino equilibrado y con carácter.