El suelo es el “corazón” de la viña, y como todo corazón, necesita estar sano y lleno de energía.
La fertilización aporta a la planta los nutrientes necesarios para crecer fuerte y producir uvas de calidad. Cada suelo es distinto y puede necesitar un aporte diferente de nutrientes.
Apostamos por abonados orgánicos, como compost natural, estiércol o restos de poda. Estos métodos respetan el medio ambiente y mejoran la biodiversidad del suelo.
Un viñedo bien nutrido es garantía de equilibrio. Cuando el suelo está vivo, la viña responde con uvas llenas de carácter.