Después de observar el vino, llega el momento de olerlo. La fase olfativa es una de las partes más emocionantes de la cata porque permite descubrir los aromas que se han formado durante la elaboración y la crianza. En Bodegas Álvarez Alfaro, situadas en Aldeanueva de Ebro, cada vino —ya sea Tempranillo, Garnacha tinta o Garnacha blanca— tiene un perfil aromático único que cuenta su historia.

Para apreciarlos, basta con acercar la copa a la nariz sin agitar y respirar suavemente. Luego, se puede mover un poco el vino para liberar más aromas. En un Tempranillo o Garnacha tinta joven encontrarás notas de frutas rojas y negras, mientras que en los vinos con barrica aparecen toques de vainilla, especias y cacao. En la Garnacha blanca, destacan aromas a flores, frutas blancas y un ligero toque cítrico si es joven, o más complejo si ha pasado por madera.

Una duda frecuente es: ¿qué pasa si no identifico aromas concretos? No importa. Lo esencial es notar si el vino huele limpio, fresco y agradable. Con la práctica, el olfato mejora.

En Álvarez Alfaro, esta fase es clave para entender la calidad y personalidad que cada botella ofrece antes del primer sorbo.