La viña es una planta delicada que está expuesta a muchas amenazas, desde hongos hasta insectos. Protegerla es esencial para asegurar la calidad de la uva y la sostenibilidad del viñedo.

Entre las enfermedades más comunes están el mildiu y el oídio, que afectan a las hojas y racimos. El mildiu (causado por Plasmopara viticola) aparece con humedad y temperaturas suaves. Provoca manchas amarillas en las hojas y puede secar racimos enteros si no se controla. Por otra parte, el oídio (causado por Uncinula necator) se desarrolla en ambientes cálidos y secos, cubriendo hojas y uvas con un polvo blanquecino que impide la correcta maduración del fruto. Ambos hongos pueden comprometer la cosecha y alterar la calidad del vino.

También hay insectos que pueden dañar la uva o transmitir virus. Por eso, los viticultores aplican tratamientos preventivos y fomentan un entorno sano en el viñedo.

Nosotros utilizamos métodos respetuosos con el medio ambiente, como las feromonas que son sustancias naturales utilizadas para confundir a los insectos e interrumpir su ciclo reproductivo. Este método reduce la necesidad de insecticidas químicos, ayudando a mantener la biodiversidad y la salud del suelo. También se aplican tratamientos orgánicos que no dañan a la vid ni al ecosistema.

Para entender mejor la importancia de un control adecuado de plagas en el viñedo vamos a explicar una de las amenazas más graves que han enfrentado las viñas en la historia. La filoxera, un pequeño insecto originario de América del Norte que llegó a Europa a mediados del siglo XIX. Este parásito atacaba las raíces de las vides europeas, provocando su muerte en pocos años. La plaga arrasó con miles de hectáreas de viñedo, transformando para siempre la viticultura mundial.
La solución llegó gracias al injerto: se comenzaron a injertar las variedades europeas sobre raíces de vides americanas resistentes a la filoxera. Esta práctica salvó la viticultura europea y sigue siendo la base de la mayoría de los viñedos actuales.

Hoy, con el conocimiento acumulado y una mentalidad más sostenible, nosotros buscamos un equilibrio entre tradición y ciencia. Un viñedo sano es la base de un vino sano. Cuidar de la vid significa cuidar también la tierra y del futuro de la bodega.