En primavera, la viña empieza a mostrar su fuerza y genera muchos racimos. Pero no siempre es bueno tener demasiados.
El aclareo consiste en quitar algunos racimos para que la planta concentre su energía en los que quedan. Este trabajo puede parecer duro, porque se eliminan uvas que podrían dar más vino. Sin embargo, lo importante no es la cantidad, sino la calidad.
Gracias al aclareo, los racimos que permanecen maduran mejor, con más color, aroma y sabor. Es un sacrificio que se traduce en vinos más intensos y equilibrados.
El aclareo nos enseña que a veces “menos es más”. Al reducir la cantidad de racimos, se asegura que cada botella de vino tenga lo mejor de la viña.